martes, 5 de agosto de 2025

¡Asúmelo, no eres imprescindible!

Tañen las campanas, su sonido destila ecos de tomas de posesión por la finalización de procesos de selección. Al tañido, se unen huestes de plañideras, puesto que un basto ejército de nuevos empleados llegan a ocupar los puestos que por derecho (el legal y el del esfuerzo) les corresponden.

Esta burda introducción (o pedante o pretencioso intento literario) tiene por objecto sacar a relucir un par de temas, que se comentan en cuatro líneas. No hace falta tejer una tesis o un ensayo.

Los temas a tratar serían la falsa imprescindibilidad de la persona que ocupa el puesto; la falta de comprensión de la figura del interino y el uso pertinente del vocabulario en relación a los temas anteriores.

Lo de la imprescindibilidad de uno mismo en su lugar de trabajo, cae por su propio peso: la unidad, organismo u organización funcionaban antes de ti y seguiran funcionando el día que lo dejes Que sea mejor o peor, es cuestión de tiempo y aptitudes de tu sustituto. Parece que la marcha de una persona en un puesto concreto sea un drama. Pero, bueno, ¿qué implica la marcha de alguien? Que alguien que lo hacía ya no lo hará y que vendrá otro que lo hará en su lugar. Problema: que el que viene, lo puede hacer bien pero de otra manera, que ¡oh, dios! no es como se hacía desde la invención del fuego, pero que consigue que la tarea en concreto se realice satisfactoriamente. Por otro lado, que no sepa y que se le haya de enseñar. Como esto hace mucho que no ocurría o no lo ha tenido que hacer el superior jerárquico, parece que no sea su función (habría que ver qué dice la definición del puesto de trabajo y las sorpresas que ser llevaría más de uno). Te pagan por trabajar, por lo que te gusta, lo que no te cuesta, por lo que detestas y por lo que te supone un esfuerzo suplementario. Y, más, si tienes un número bien alto acompañando a tu cuerpo.

El fascinante mundo del interinaje. Es quizás el mayor fraude de ley de la historia, en lo tocante a función pública. Proveer de mano de obra con unos criterios de selección nulos (aunque últimamente se ha mejorado algo, ni que sea formalmente); ejercer funciones por encima de las responsabilidades del puesto de trabajo en concreto; hasta hace unos años, con unos agravios salariales importantes (el no reconocimiento de trienios, principalemente, afortunadament subsanado) e ir dilantando la realización de procesos selectivos que consoliden las plantillas necesarias. 

Lo curioso del tema es que cómo se toman unos (los interinos) y otros (los superiores jerárquicos) esta circunstancia laboral. A los primeros, les cuesta horrores entender que el mismo dia que fichas, puede ser el último y que no existe obligación legal para que se le mantenga en ese u otro puesto de trabajo. Los interinajes tienen su razón para cubrir necesidades temporales y puntuales, así que el día que firmas tu nombramiento, sabes que comienza una marcha atrás. Esta puede estar fijada claramente (suplencias por maternidades, enfermedades) o tener un horizonte incierto, pero marcado por una futura convocatoria de un proceso selectivo.

Por otro lado, los cargos asumen que una vez ocupada la plaza, esta no dejará de estar cubierta, si puede ser, por la persona con la que ha estado trabajando, difuminando o eliminando de su consciente el significado de la palabra interino. Entonces, llega el drama, la hecabomte, la devacle. Se acaba un proceso selectivo y el propietario legítimo de la plaza lleva para ocuparla y el cargo se encuentra en lo antes comentado ¿Cómo que voy a tener que enseñarle el trabajo a uno nuevo si ya había uno que sabía como se tenía que hacer?

Para acabar con este marasmo de obviedades, nos hallamos con gente que todavía no sabe como funciona la función pública y el tipo de relación laboral que existe entre la Administración y sus empleado.

No, señores, los interinos no tienen un contrato. Los interinos son funcionarios y, como tales, para adquirir dicha condición han de ser nombrados (seguro que existe en el TREBEP, el artículo correspondiente) y son cesados por las causas que concurran para cada caso. Pues nada, hay por el mundo, licenciados en DERECHO que van tan traquilamente hablando de contratos cuando se refieren a interinos, como si esto fuese una sociedad anónima o de responsabilidad limitada.

Esta flagrante ignorancia puede comprenderse en interinos acabados de llegar a la administración y que tienen conocimientos limitados, ya que muchos suelen ser para los cuerpos inferiores de la escala funcionarial y con una formación jurídica limitada, debido a su formación inicial, la universitaria incluída. Pero en personas que ha pasado cinco años o más en el mundo del derecho, que han aprobado unas oposiciones y que llevan años trabajando en la administración, me resulta algo bochornoso. No expedientable, pero sí que debería servir para replantearse si sus capacidades se corresponden con las responsabilidades. 

Puede que en esto último, haya algo relacionado con experiencias personales. Claramente es algo anecdótico, pero chirría. No es invalidante, pero si sorpresivos y, quien sabe, si no es una pista sobre las capacidades de la persona en cuestión.

De un comentario en el trabajo, ha salido esta disquisición o divagación. Ver a mucha gente pagada de sí misma y sin un ápice de autocrítica.


lunes, 2 de diciembre de 2024

Matemáticas incomunicantes.

Bueno, no sé si el «palabro» incomunicante está aceptado o no por los diccionarios de las Academias de las Lenguas, reales o no, pero la intención de título es hablar de cuando dos tipos de matemática, el lenguaje objetivo por naturaleza, no se comunican, son discordantes (quizás este adjetivo fuera más apropiado para el título).

Vamos a mezclar dimensiones, presupuestos, contratación y personal (los funcionarios somos personas no recursos, como un mero ordenador personal, una impresora o una aplicación informática).

Empezemos por lo primero, por la Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público y la determinación del presupuesto base de licitación. El espíritu de la ley no es otro que este refleje la realidad del mercado y que la infrafinanciación del contrato no tenga un efecto de presión a la baja sobre los salarios del personal que ejecute el contrato.

¿Qué se necesita, de partida, para satisfacer el espíritu de la ley reflejado en el artículo 100? Información y personal que sepa encontrarla y tratarla.

En principio, esto no debería ser un problema. Los sistemas de provisión de personal pueden conseguir que personas con los perfiles demandados puedan acceder a la función pública en los nivels y cuerpos que existen a tal efecto.

Al añadir una nueva variable a la combinación inicial, la cosa comienza a complicarse. Esta variable es la dimensión. ¿Dimensión? puede preguntarse más de uno o qué tipo de dimensión Pues la dimensión de la organización y, esta dimensión, la determina el presupuesto que tiene disponible para ejecutar.

Pues aquí es donde las matemáticas son incomunicantes. Si un órgano de contratación tiene una dimensión pequeña (menos de 200 empleados y presupuestos que no superen los 20 millones de euros), no encontramos con que el espíritu de la ley implosiona, revienta y se convierte en mera utopía. ¿Puede una organización pequeña tener a dos personas que se dediquen exclusivamente a la búsqueda de información relativa a costes y a realizar los cálculos necesarios para dar con el presupuesto exacto necesario para la correcta ejecución de un contrato y que no suponga una losa sobre los salarios de los trabajadores? Desde mi punto de vista, no. El motivo no es otro que toda la contractación, la gestión diaria de los expedientes y las obligaciones que le son inmanentes al servicio en cuestión, lo forman dos o tres personas. Ente las que, en muchas ocasiones, forman parte cargos que tienen atribuídas las competencias presupuestarias.

Para muestra, un botón. Allí donde trabajo, la contractación es parte de un servició compartido con la gestión económica y el régimen interior. Servicio integrado en una subdirección que incluye temas de organización y personal. Lo que sería una clásica dirección de servicios.

Pues, a día de hoy, en contractación somos un administrativo y un técnico, bajo el resguardo del jefe del servicio. A las claras, la dotación de personal es totalmente insuficiente y con una formación limitada para responder al objeto del escrito. Podría argumentarse que parte de ese trabajo ha de ser implementado por las unidades promotoras, pero aquí volvemos a temas de peronsal y cómo las unidades se toman la contratación dentro de sus atribuciones. Para más inri, el personal adscrito para el inicio de los expedientes, suelen ser administrativos, que compatibilizan sus obligaciones habituales con la contratación pública, cuestión más bien esporádica.

La solución, la desconozco, pero intuyo que la generación de la información necesaria de forma centralizada, por alguno de esos órganos u organimos que aparecen en los artículos finales de la Ley.

Hasta que llegue el momento en que se pueda acceder de forma ágil y fácil a esa información, seguiremos con el salvavidas intentando no naufragar en los laberintos en los que se halla esa información.


miércoles, 22 de febrero de 2023

Edificios compartidos, servicios duplicados.

Si hay algo que particularmente me cuesta entender, es todo lo relacionado con la cuestión patrimonial y la gestión de los edificios administrativos.

Actualmente, para poder ejercer cierta actividad, parte del personal ha ocupado parte de un edificio que es propiedad de la administración superior. Esto no debería suponer ningún problema, en principio. Tú vas, ocupas el espacio que te adjudica el cedente y te dedicas a prestar el servicio previsto.

La lógica diría que junto con esa cesión, se acompaña la información relativa a todo aquello que incumbe a la ocupación de un espacio por parte de un organismo: la resolución de cesión de éste, un dosier con toda la información relativa a servicios que están contratados, qué suministros también lo están, datos de contacto con las empresas que lo están prestando, entre otros.

Pero la lógica, como la teoría o el sentido común, son eso, conceptos sujetos a una definición que parece clara. La realidad y la práctica, pues ya si eso.

La cuestión se complica cuando la gestión del espacio no es de la administración propietaria, sino de uno de sus organismos, cuando los ocupantes son terceros que no dependen directamente ni de uno ni de otro. A esto añadir, que los últimos ocupantes lo habían hecho forzados por toda la situación generada por el COVID, con lo que la contratación de algunos servicios se hizo de forma laxa o al amparo de esa emergencia que todo lo engullía.

Entre las singularidades con las que me he encontrado hay que ciertos servicios están duplicados, pero por que hay una diferenciación de las dos áreas que existen en el edificio: una de uso administrativo y otra que no. Así, que los ocupantes se encargan de determinados servicios de la zona que ocupan, mientras que la entidad gestora lo hace del resto del edificio.

Luego, hay contratos que ocupan todo el espacio.  Algunos que, según parece, eran acuerdos de palabra, para paliar una situación temporal.

Si la cosa no fuese ya de por sí compleja, se añade que se ha traspasado la gestión del edificio a un tercero y que en ese traspaso no llegó toda la información sobre el estado de los servicios y suministros del edificio. Resultado: se prorrogó un contrato, pero la información no llegó y el nuevo organismo gestor volvió a contratar ese servicio.

A esto hay que añadir las diversas maneras de trabajar que tienen las empresas que se encargan de los servicios.

Todo esto me lleva a la siguiente reflexión final: ¿por qué, si siendo todos los edificios propiedad de una administración madre que acaba centralizando la compra de éstos, no es esta misma administración la que gestiona la contratación de los servicios accesorios de dichos edificios?

De esta forma se evitarían duplicidades en la contratación (ya sea por sectorialización de los espacios como por errores de comunicación o desconocimiento); conflictos entre empresas del mismo servicio en diferentes zonas del mismo edificio; asignaciones presupuestarias de ida y vuelta, te doy crédito para que contrates tal servicio de un edificio que es de mi propiedad pero que tú ocupas, siendo la misma administración.

Puedo entender esto en empresas públicas, pero en instalaciones donde se realiza la actividad administrativa pura y dura, me parece un sinsentido. 

Entiendo que para esto habría que dimensionar de efectivos a la unidad encargada de la gestión de los edificios, problema que se podría resolver con una redistribución de efectivos de las unidades de otros organismos o de la misma administración que se dedican a esas tareas, ya sea desde la gestión de la contratación como la de gestión del edificio.

Asimismo entiendo que haya cierta desconcentración territorial de dicha gestión, de ese mismo departamento en lo tocante al control de la ejecución de los contratos adjudicados, pero en contratación creo que es más eficiente un contrato con los lotes necesarios, a un sinfín de contratos en los que acaban existiendo disparidad de criterios de todo tipo e interpretaciones, omisiones. 

jueves, 5 de mayo de 2022

Acumulemos, que nunca está de más.

Esto se está convirtiendo en mi muro de las lamentaciones particular, el lugar donde vengo a vertir mis lágrimas, ya que mis ruegos se pierden en el eco de la inmesidad burocrática.
Hoy le toca a la Intervención. Creo que ya he repartido a todo el mundo, empezando por mí mismo. O igual me queda la Asesoría Jurídica, debería releer (cosa que no hago para no morir de vergüenza).
Ahora que he sacado a colación a la Asesoría, es curioso el mundo del control previo de la contratación, cómo se posiciona cada uno de los órganos de control ante la documentación presentada y cómo se expresan en campos que le deberían ser ajenos.
Entiendo que el papel de dichos órganos sea el de control sobre aquellas cuestiones básicas: que no uses el procedimiento que no toca, que no te gastes el dinero que no tienes o que has presupuestado para otra cosa, que no hagas un pliego que parezca tener marcado a fuego un NIF determinado. Vamos que seas legal y que no te gastes lo que no tienes.
El problema llega cuando entran a analizar como se ha de explicitar el servicio, principalmente el problema se encuentra en los contratos de servicios, como si su punto de vista fuese infalible y esté rozando el dogma.
Este es el caso del último expediente que ha pasado por manos de la Intervención y que ha caído en nuestras manos un informe que nos conmina a rehacer el servicio casi de arriba a abajo.
Creo que he tomado una tangente y me estoy desviando de lo que tenía previsto explicar. Pero que muy desviado, tanto que ni lo he expuesto en el párrafo introductorio.
Retomando la senda prevista, la cuestión es que una vez rehecha la documentación (pliegos e informe) y puesta en conocimiento de la Intervención, esta se descuelga con un par de demandas: que visto el calado de los cambios, la Asesoría vuelva a revisar la documentación, cosa que tiene su lógica; y, que una vez se haya pronunciado ésta, les sea trasmitida la documentación, la que ya tienen más el posicionamiento de la Asesoria respecto a los cambios junto con un escrito en el que, deduzco (la comunicación se hizo mediante un breve mensaje en una de estas aplicaciones de trabajo compartido que tan imprescindibles se han hecho con el teletrabajo), nos solicitaba que les hagamos visibles los cambios realizados en la documentación. 
Es aquí donde toma sentido el título del post. Acumulemos, otro documento más, con un contenido de poca utilidad. Parece que todavía estamos en la querencia de ir acumulando papeles, antes en formato celulosa, ahora en formato digital. Parece como si no tuvieses suficiente con revisar la documentación que me has pedido cambiar, sino que parece que les hayas de marcar qué has añadido en cada documento.
Creo que el sentido común aconseja la relectura de la documentación y que tú determines si cumple con lo que informaste previamente. Si vas a tener que estampar tu firma en un informe, no sé para qué quieres otro escrito que ha surgido de la más profunda de las desorientaciones.
Esto no deja de ser una pataleta ante una situación determinada, pero el fondo de todo es que no nos hemos deshecho de aquel querer muchos informes, muchos documentos y muchos papeles en los que se repitan explicaciones en muchos documentos, como si la reiteración fuese sustento y fundamento de las argumentaciones.
Es aquello de lo quiero como yo digo, pero no te digo como lo quiero, intenta adivinarlo.

domingo, 23 de enero de 2022

Oposición a las oposiciones: a tomar posiciones.

Primero de todo, definiendo mi posición: soy interino. De 19 años y medio, he sido funcionario de carrera durante un mes y una semana, si no recuerdo mal. Y lo fui gracias a un proceso de consolidación de plantilla de un organismo de nueva creación.

Como interino que lleva desde 2009, justo esta semana hace 13 años, en la misma plaza y que durante este período de tiempo solo ha podido participar en dos procesos selectivos, uno en 2009 y el que está en marcha en la actualidad, creo que la situación en la que nos pone la Unión Europea solo puede solucionarse con una consolidación de interinos en plan "grupo salvaje".

¿Se conculcan principios como la libre concurrencia, la igualdad de oportunidades? Pues eso parece, si nos fijamos en lo concerniente a los interinos que llevamos más tiempo, que podrían acceder a una plaza de funcionario de carrera mediante una fase de concurso. Pero, ¿se ha pensado en qué pasaría si en administraciones con unos porcentajes de interinos cercanos al 50 % o incluso superiores, el 90 % de ese porcentaje tuviese que dejar su puesto el día anterior al que accedan los opositores que hayan aprobado el concurso-oposición?

Creo que en este tema hay que abrir la óptica y visualizar las afectaciones que supondría un hecho como el descrito anteriormente. Antes he comentado que se conculcarían derechos a los potenciales participantes en las oposiciones, pero en esta sustitución masiva e inmediata, ¿los derechos de cuantos ciudadanos a recibir los servicios públicos a los que tiene derechos se conculcarían? ¿Qué derechos pesan más? No sé la respuesta, pero me planteo la cuestión.

Resulta que de esto hay una derivada (bonito palabro de los que últimamente están en boga), que es todo el negocio que hay alrededor de la preparación de las pruebas que componen el conjunto del proceso de selección de funcionarios: las academias de preparación, profesores universitarios, funcionarios de las escalas superiores que preparan a candidatos, sobre todo en las fases más exigentes de los cuerpos y escalas singulares y, por tanto, mejor remuneradas. 

Si nos ponemos quisquillosos con el tema de los derechos y la igualdad de oportunidades, no sé, aquí hay una cierta disfuncionalidad de todo el sistema. Sólo los que disponen de cierta seguridad económica que permita la dedicación exclusiva a prepararse las mejores plazas de la Función Pública, son los que al final coparán los puestos mejor retribuídos y que mayor influencia ejerzan sobre el resultado final de las políticas públicas. Imprimiendo, de manera indirecta, el sesgo sociopolítico de los futuros altos funcionarios. 

Sabemos que, a modo de justificación, los provenientes de estas clases sociales bien estantes usaran el argumento del porcentaje residual que no pertenece a la suya, como justificación de la equidad del sistema. Vamos, que hacer de la anécdota, norma. Argumentos que la reiteración de ciertos apellidos, principalmente compuestos, copan dichas plazas. Pero esto no es nada nuevo, en la sociedad en general. Aquí se podría hablar de cierto determinismo urbano, retomando teorías de otras épocas.

Curiosa ha sido la reacción furibunda de cierta federación de altos funcionarios en defensa de un sistema de selección de trabajadores, más aún cuando el asedio digital al que estamos sometidos los funcionarios es implacable. ¿Cómo es posible que las competencias en cuestiones de tecnologías de la información y de la comunicación no aparezcan en ningún momento de la fase oposición? Claro, lo fácil es obtener un certificado acreditativo por parte de entidades que colaboran con la Administración y fiarnos de su ética. 

Bueno, puestos a seguir con el modelo tradicional, por qué no hacemos alguna variación en el orden de establecer las pruebas. Actualmente, seleccionamos al que mejor capacidad retentiva tiene de un temario tan extenso como absurdo y que supera un cuestionario y una serie de preguntas cortas o el vomitado de un extenso tema. En lugar de una primera fase, eliminatoria, de conocimientos teóricos, hagamos una primera fase de conocimientos prácticos. Busquemos a aquel que sepa como aplicar los conocimientos teóricos y, a continuación, seleccionemos de entre los que saben trabajar, al que mayores conocimientos teóricos tenga. La lógica actual nos lleva a eliminar a todo aquel que no es una esponja conceptual sin ningún conocimiento de aplicación práctica. Muy bien, todo. Luego, el día de su posesión, hay que adiestrarlo. En numerosas ocasiones, este adiestramiento lo realiza alguien de un cuerpo y escala inferior y, por ende, con menores retribuciones.

Si escogemos a lo antiguo, es complicado que podamos progresar hacia la modernidad. El hecho de meter temas sobre cuestiones organizativas, trabajar por objetivos, programas, mediante indicadores, con una revisión y evaluación constante de políticas como de métodos de trabajo, no asegura que posteriormente se sepan aplicar todos estos conceptos en el día a día de su trabajo.

Retomando el inicio de la reflexión, la disposición precedente es la que está generando más rechazo por parte de los preparadores de oposiciones. Rechazo disfrazado con la quiebra de la igualdad de derechos. Es una sensación al hilo de su posicionamiento. Esta disposición abre un escenario en el que no hay manera de rascar cierto beneficio para el entramado que se urde alrededor de la preparación de oposiciones. ¿Conspiranoia? Quizás, pero hay mucha sobresueldo en ese mundo.

Todo esto viene para resolver el problema de la temporalidad. Pero hay quien no ha visto en perspectiva esta cuestión, sobre todo en relación a la carrera administrativa la que todo funcionario ha de tener la oportunidad de optar. Si un funcionario quiere promover su carrera en una estructura jerarquizada y tremendamente piramidal, llega un momento en el que esta queda estancada en la organización en la que tienen su plaza de funcionario de carrera, la famosa reserva de plaza. Cuando un funcionario quiera promocionar, se ha de marchar pero conserva su plaza por si ha de volver, con lo que nos encontramos con una plaza ocupada de forma temporal, que no volverá a estar ocupada de forma estable hasta que vuelva el propietario de la plaza.

Cuando una organización tiene una relación de puestos de trabajo con niveles mínimos, lo que va a provocar a medio plazo es que sus trabajadores acaben marchándose fuera, descapitalizando la organización y consolidando una situación de interinidad.

Vamos, que hay que entrar en el fondo de la cuestión de la reserva de plaza y su lógica. Quizás sea necesario hacer que esta desaparezca en el momento en el que un interino haya agotado los tres años a los que le limitará la actual legislación. Veremos.

Para ir acabando, hay otra idea que me ronda que no entiendo cómo no se ha puesto en marcha. Esta es la de que sea cada ministerio, consejería, organismo o entidad pública la que convoque las oposiciones para cubrir las plazas que se están ocupando de forma provisional en ese momento, así como para cubrir las plazas que quedaran vacantes con la progresiva jubilación de sus trabajadores. ¡Ojo, qué se acerca la jubilación de la generación del Baby Boom!

Esta idea puede tener múltiples críticas, pero mientras no se haya procesos selectivos anuales y en la cantidad necesaria para suplir la interinidad y las jubilaciones, creo que debería ser una cuestión muy a tener en cuenta. Se puede intuir que pueden servir para sobredimensionar organizaciones. Pero el hecho de asumir esta competencia por cada organización, no quiere decir que no haya ciertos mecanismos de control externos, que se dediquen a controlar que no haya desmanes, pero no que se dedique a cercenar cualquier iniciativa que tenga por objeto paliar las necesidades reales de dotación de personal.

El tema es complejo. Cualquier argumentario tiene sus lagunas, como lo poco esbozado aquí, pero mucho más complejo es llegar a poder implementarlo y materializarlo de la forma más coherente y razonable.

Con todo lo que he comentado, creo que el problema de la temporalidad no tiene solución con lo que se está llevando a cabo, es necesaria una reforma absoluta de todo el tema de personal en la Administración Pública.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Presuspuesto, ejecución, contratación, transparencia y otros unicornios.

Llevaba barruntando sobre el tema desde hace tiempo. Desde que empecé a escuchar a una de las últimas directoras que hemos tenido, sobre el porcentaje de ejecución del presupuesto del año 2019, creo. A esto, hay que añadirle la sonata recurrente de "si no se gasta, el dinero se pierde". A ver si consigo ordenar conceptos y ligar argumentos.

A partir de ahí, se ha ido desarrollando en mi cerebro una interrelación entre estos temas: el presupuesto, la ejecución del presupuesto, la contratación administrativa (en la parte relativa sobre el presupuesto: partidas de gasto corriente e inversión), la transparencia y seguro que surge alguna cosa más. Sí, claro la deuda pública, que parece que no, pero que orbita alrededor de todos estos conceptos.

La primera interrelación es la que se realiza entre el presupuesto y su ejecución. Primero, vamos a ser honestos, y decir que sobre cuestiones presupuestarias entiendo lo justo: vamos, que es una previsión de gastos y una estimación de ingresos y, que en principio, se debería cuadra a cero. Mi primera observación es sobre qué es lo que impera en la ejecución presupuestaria, si cumplir el objetivo de gasto y dejar todas las partidas a cero o si, por el contrario, debe cumplir el objetivo de ejecutar los programas al mejor precio posible.

Una vez hemos llegado a aquí, entra en juego la contratación pública, que es el medio por el cual las administraciones consiguen proveerse de servicios, obras y suministros. Si la contratación se sujeta a una programación, no exenta de acontecimientos imprevistos, que la ley resguarda bajo el paraguas de la contratación por emergencia, el objetivo es conseguir la mayor calidad al mejor precio, suponiendo un ahorro en cada contratación. Asimismo, nos encontramos con que estamos ejecutando lo programado que tiene su reflejo sobre las cuentas previstas sobre el presupuesto. No nos olvidemos, que cada licitación tiene sus plazos procedimentales, donde la improvisación, que no la emergencia, deberían tener un impacto mínimo, tendente a cero.

Es aquí cuando ambas interacciones entran en una tercera, que podría definirse como contradictoria, colusiva (de colisión, de impacto). Intento explicarme, Si hemos conseguido satisfacer las necesidades programadas por un importe inferior al presupuestado, consiguiendo de esta manera un ahorro en las arcas públicas, nos encontramos ante la imposibilidad de no poder ejecutar el 100 % del presupuesto. Aquí es donde aparece mi gran duda ¿cuál es el objetivo primordial? ¿ejecutar todo el presupuesto, es decir, dejar a cero todas las partidas; o, ejecutar todo lo programado? Mi parecer se inclina por la segunda opción. Además, la contratación pone en manos de los responsables mecanismos para poder llegar al máximo de ejecución del importe presupuestado: básicamente, la adjudicación por importes unitarios con el tope del presupuesto máximo de licitación, que te permite satisfacer un número superior de servicios o suministros a los previstos.

Con este excedente entramos en la última interacción, que es uno  de esos unicornios que rodean a la administración: la deuda pública y la famosa frase que cito en la introducción "el dinero se pierde". Aquí es donde puedo empezar a divagar, si no lo he hecho antes. Tenemos el objetivo de satisfacer lo programado presupuestariamente y conseguirlo con el máximo ahorro posible sin perder el mínimo de calidad necesario. Si conseguido este objetivo, tenemos un remanente presupuestario, mi parecer es que debería dedicarse a sofocar la deuda pública (tendría que repasar concepto para no confudirlo con el déficit público), aligerando la carga que supone esta partida dentro de presupuestos futuros. 

Pero es aquí donde entra el otro unicornio que relaciona presupuesto y ejecución, que es el "dinero se pierde". Creo que esta es una rémora que se arrastra de esa tradición tan arraigada que es el presupuesto incrementalista: gastarlo todo para que en el presupuesto siguiente puedas perdir lo mismo, como mínimo. Al final, acabas condicionando presupuestos futuros a ejecuciones actuales hechas de manera impulsiva y sin más objetivo que el ya explicado, no "perder" dinero.

Es curioso ese doble sentido del concepto perder, relacionado temporalmente. El creer que no gastar ese dinero presupuestado se ha perdido, como si que acabe destinado a sofocar, menguar, reducir la deuda pública no fuese un objetivo suficientemente importante. Esa es la concepción del aquí y ahora, que se acaba vinculando con un futuro en el que no se podrá obtener el mismo presupuesto, po no haber gastadolo anteriormente. Me parece una visión súmamente obtusa, tanto por el que se plantea como unidad de gasto, como por la unidad que debe autorizar la cantidad máxima a gastar.

Creo que aquí ya empiezo a generar cierta nebulosa conceptual y puede hacer poco comprensible lo explicado. Ya lo he avisado al inicio.

Para el final he dejado el tema de la transparencia, que igual daba para otro post (poner artículo me parece de una soberbia importante), pero ya lo dejo aquí.

En estos días nos llegan las peticiones para recopilar la información sobre futuras contrataciones, indicando importes, tipología de contratos, fechas y objetos del contrato con la intención de publicarlo en el perfil del contratante. Mientras estaba leyendo la solicitud me asaltó la siguiente duda: No le estaremos facilitando a las empresas, con este tipo de información y en formatos que facilitan el tratamiento de los datos, que estas puedan llegar a acuerdos de reparto de mercados, a montar cárteles en los que deciden quién se presenta a qué y dónde.

Entiendo que el objetivo es facilitar que las empresas se preparen para que decidan cuál de las licitaciones futuras es de su interés, pero, como digo, el uso de esta información puede ser usada con otros objetivos. Si hasta llegamos a darles una aproximación de cuanta parte del pastel se pueden repartir.

De ahí, mis objecciones a publicar dicha información de la forma en la que se realiza. Creo que debería limitarse, que no se debería informar, en ningún caso, de los importes previstos e, incluso, del objeto del contracto de forma tan singularizada. Quizás se podría usar el CPV como guía, para intentar poner obstáculos en la formación de posibles cárteles.

martes, 19 de octubre de 2021

La formación, ¿una distopía?

Llega fin de año y comienza la planificación de la formació. Lo deduzco de los correos que recibo por esta fechas sobre las necesidades formativas. Algunos sobre una oferta ya cerrada, ofrecida por el departamento al cual estamos adscritos, para que desde la unidad que gestiona nuestra formación, reserve alguna de las plazas de la oferta.

Hecha esta introducción, bastante pobre, vamos al meollo de la cuestión que no es otra que la disfunción que hay entre las necesidades de formación y la oferta de la misma.

Primero de todo, reconocer que es complicado detectar las necesidades sin la participación de los interesados, los trabajadores. Es entonces cuando la novedad normativa, la tecnológica y la de las nuevas tendencias (el manido mainstream) son los pilares en los que los responsables de formación deben basar su trabajo. Y, la intuición o sus preferencias, cuando no les queda otra que inferir sus propias necesidades al conjunto de la organización.

Lo distópico es lo que entra en juego a partir del momento en el que te sientas frente a la pantalla, con la ayuda de la poca participación (o no) de tus compañeros y la soledad de tus neuronas, para ver qué puedes ofrecer y quién te lo puede proveer. Digo que es una distopía, puesto que hay un montón de necesidades formativas básicas, la primera de todas, asumir que un ordenador no es una máquina de escribir, y menos, en estos momentos en los que el papel está siendo arrinconado a marchar forzadas. 

Digo esto, puesto que me he encontrado con dos ejemplos que hacer temblar al más templado. Durante la última semana me he encontrado con las siguientes situaciones: 

  • Buscado en la intranet el acceso a la herramienta de gestión del archivo, una compañera de trabajo no sabía lo que era un marcador del navegador ni como ponerlo en una página web.
  • El segundo caso es el de otra persona que, mientras le estaba explicando cómo debía rellenar los formularios de la herramienta de gestión de la contratación, iba haciendo fotos con el móvil para, a posteriori, usarlas y crear un manual. Eso en lugar de hacer una captura de pantalla.
  • Luego, está el tema del uso de la doble o triple pantalla. Nuestra dotación consiste en un portátil, una dock station y dos pantallas. Pues hay gente que trabaja directamente sobre el portátil, aproximadamente de 14" y las otras pantallas usadas como atrezo. Luego, están los que duplican o triplican las pantallas, teniendo el mismo contenido en todas ellas.
Esto nos indica que hay una falta de formación en aspectos básicos que, quizás por buena fe de los responsables de formación, se dan por supuestos, pero que la experiencia nos tira por tierra en cualquier momento.

Esta es la primera parte de la distopía. La segunda es la que viene referida a esos temas que se han puesto de moda en la gestión de organizaciones, principalmente privadas, y que la administración se lanza ávidamente a copiar, priorizándolos sobre las necesidades reales de la formación.

Entiendo que la gestión de conflictos, sobre todo para el personal que está en contacto con el público, pero se ha llegado a unos niveles absurdos en la imposición de determinada formación sobre situaciones que son muy particulares y anecdóticas. No estoy diciendo que no se haga formación, si no que se sea congruente y proporcional. El ejemplo es el mindfunless. Tengo la sensación que es una moda, rollo la new age (ya lo sé que voy para viejo, por la referencia), quizás sea una fijación personal con todo aquello que se vincula a una percepción simbólica o metafísica de la realidad, acercándose a las filosofías orientales para hallar en ellas un simbolismo o significado, pero que no solucionan una problemática. Problemática que puede estar generada por falta de esa formación que no se imparte por priorizar estos temas. Estamos en la dicotomía prevención/curación.

Decirlo hay que decirlo todo, yo no manifiesto mis necesidades, por desidia y por que intento experimentar con las herramientas de las que dispongo o buscar por mi cuenta el soporte y ayuda necesarios. Seguramente no es la posición más inteligente ni la más provechosa para la organización. Quizás el empezar a pedir puede hacer que quien tiene el poder de decidir cambie su forma de ver las cosas.

La queja y la crítica deben usarse para construir, no para el regodeo personal del "ya te lo dije", que no deja de ser una postura autocomplaciente y poco implicada.

viernes, 9 de julio de 2021

El espejismo de apartar las piedras del camino.

Con ese título, ¿de qué se puede hablar? Pues de los contratos basados en acuerdos marco. 

Lo primero la sinceridad, si es que tiene algún valor, la premisa de estas cuatro líneas es una interpretación, basada en la intuición y en el error sobre procedimientos de contratación al que pueden llevar este tipo de procedimientos.

Estos procedimientos son como autopistas recién inauguradas para los políticos, ven en ellas la manera más rápida de llegar a su fin, el que sea. Sobre todo si, como en Alemania (no sé si todavía es así), no hay límites de velocidad. Con dos o tres llamadas, se acelera el procedimiento cuando intervienen terceros (nuestra amada intervención).

Pero claro, esto es un espejimo dentro del inabarcable universo de la contratación pública. Para circular por una autopista, primero hay que hacerla, y eso son los acuerdos marco y el resto de procedimientos de racionalización de la contratación (pero de estos no uso). Mi más sincero y enorme agradecimiento a todos aquellos que los construyen y nos facilitan la vida. 

El problema es que en el día a día tenemos los procedimientos ordinarios. Nuestras carreteras comarcales recién inauguradas, de piso firme pero con ese trazado sinuoso y lleno de intersecciones. 

¿Por qué es un espejismo? Porque puede deslumbrar a quien, recién instalado en su silla y con el poder decisorio, puede crearse la falsa sensación de que contratar es rápido y fácil, que no hace falta una previsión excesiva para llegar a adjudicar un contrato.

Pues esta es la situación en la que me hallo, que el nuevo amo del despacho crea que todo el monte es orégano y no lo es.

Sinceramente, espero estar completamente equivocado. Pero ya conocemos las prisas de los que quieren darse a conocer.

miércoles, 16 de junio de 2021

Las distopías del teletrabajo.

Que la gente no ha entendido que es el teletrabajo debe ser la única afirmación que se puede hacer a día de hoy en este nuevo contexto laboral.

Me arrogo la palabra distopía para señalar un par de hábitos, malos por supuesto, que se han impuesto en el día a día del trabajar desde casa, eso que se ha dado por llamar teletrabajo. Seguimos con una visión corta de miras, por lo menos en la práctica. La teoría, como ya sabemos, solo se aguanta en el papel.

Los hábitos, vicios que se cronificarán en breve, son las reuniones "estéreo" (definición de debo a un compañero, que me señaló que había reuniones ajenas que escuchaba en estéreo) y los de la mirada perdida en las reuniones.

Vayamos por partes, tampoco vamos a ser muy extensos. En cuanto a las reuniones "estéreo" decir que son aquellas en las que parte de los asistentes comparten espacio físico y, en lugar de ocupar una sala entre los presentes, cada uno "asiste" desde su puesto de trabajo. De aquí el epíteto de estéreo, que al compartir el espacio común al resto de trabajadores, se escuchan las réplicas y contrarréplicas de los "asistentes". Puedo entender que no se aglomeren 6 u 8 personas en una sala, pero dos o tres, que acostumbran a ser los presentes, no son un gran impedimento. Curioso, por lo menos. Sobre todo teniendo los medios que se tienen.

Los de la mirada perdida. Bueno esto es una generalización a partir de un caso único. Son aquellos que estando en una reunión y centras tu atención en su mirada, parece que está perdida, pero lo que está es haciendo otras cosas, puesto que considera que es una pérdida de tiempo o, que al menos, la reunión está muy abajo en sus prioridades, cuando no es el caso, en muchas ocasiones.

Son esas curiosidades que se asimilan y se acaban cronificando en un hábito que nadie considera que sea un absurdo o contradicción. Lo dicho, la Administración y sus particularidades.

jueves, 13 de mayo de 2021

¿Egoísmo, miopía o incapacidad?

La entrada será (debería serlo) corta. Ha sido un momento de "curiosidad" respecto a como se estructuran las carpetas de un servicio dentro de las carpetas comunes que tenemos en línea.

El hecho es que escuchando a un par de compañeros donde tenían ubicada cierta información, he decidido submergirme en el explorador de carpetas para comprobar lo que he escuchado. Y, siendo cierto lo que he escuchado, me parece delirante.

La carpeta en cuestión se titula "Carpeta X_Y". Sí, carpeta, como si el icono de color amarillo que inunda el explorador de windows diese a equívoco. X e Y son los nombres de los compañeros. Por tema de protección de datos, los he anonimizado (¿sarcasmo o ironía?). De repente, mis ojos ha acabado postrados en otra carpeta con una identificación similar. En este caso solo es "Y_Z", los nombres de uno de os anteriores y un tercero.

Esto que parece una trivialidad y algo superfluo, creo que condensa algunos de los problemas de la Administración Pública:

  • Jeraquización absurda.
  • Personalismo y creencia de la imprescindibilidad.
  • Falta de formación en temas de informática.
  • Información cautiva.
  • Orden y sentido común.
Siendo carpetas correspondientes a una competencia determinada de una parte del servicio, en las que interactúan estas tres personas (quizás el superior jerárquico acabe accediendo, lo ignoro), no veo el sentido de crear dos (lo del orden y el sentido común).

La jerarquización está implícita en la existencia de dos carpetas que van destinadas al personal ordenado segúnla jerarquía. Aquí se podría añadir el tema de la imprescindibilidad, que la gente se cree que solo ella puede hacer esa tarea y nadie más, por eso para qué identificar la carpeta con un nombre que pueda ayudar a terceros, en caso de tener que buscar una información sin tener que recurrir a los tres implicados.

El hecho de poner el nombre propio remarcando el hecho de propiedad, de casi caciquismo, de "este es mi cortijo, no oseis asomar el hocico". Cuando tu paso, como el de cualquier funcionario, es circunstancial, como el de cualquier ser humano sobre la superficie de la tierra. Igualmente, esta manera de nombrar la carperta supone una manera de encriptar la información, tenerla cautiva, no sea que alguien se apropia, vete tú a saber con qué aviesas intenciones, según sus elucubraciones.

Al final, esto se ha alargado. Parece una tontería, pero hay vicios ocultos y vanidades excesivas. Esperemos que algún días podamos expiar este tipo de pecados veniales.


jueves, 22 de abril de 2021

Aislacionismo exterior e interior ¿incomunicación? ¿desinterés?

No estamos en la Albania d'Enver Hoxha, ni en la Corea del Norte de Kim, estamos en un modesto organismo autónomo en el que hay palabras que parecen silenciadas, como si se tratase de una red social que te permite dicho nivel de censura.

Mis capacidades de analista de organizaciones y todas estas mandangas son cercanas al cero, puesto que se basan en la observación, algunos comentarios y el sentido común.

De la observación, una década viendo a la gente con la que trabajo y para la que trabajo (mi unidad es del tipo, de ese bonito y actual concepto, transversal prestando servicios a todo el organismo), he llegado a constatar actitudes sorprendentes.

Una de ellas es el aislacionismo interior y exterior. Esta doble vertiente se basa en la constatación de mi día a día. El jefe de la unidad en la que estoy peca de esta doble vertiente. Se aísla del resto de las unidades a las que ha de satisfacer sus necesidades, puesto que su responsabilidad con los caudales públicos funciona como muro de contención hacia los deseos y/o necesidades del resto de la organización. Tener una concepción de que la mayoría de los recursos se utilizan para cosas futiles, banales y por un coste superior a los servicios recibidos (en ocasiones certeramente), refuerza ese muro de contención hacia las actuaciones que no entran en sus esquemas de lo que sería un gasto racional y las implicaciones burocráticas del mismo.

En cuanto al aislacionismo interior, se constanta en algo tan simple como es la ¿incapacidad? o el desinterés por realizar reuniones de toda la unidad para saber qué se está haciendo y cómo; si hay alguna necesidad que cobrir; si puede haber refuerzo al resto de la unidad en según que tareas que puedan ser asumidas por otros compañeros en un determinado momento y no supongan una sobrecarga de trabajo a la hora de explicarla.

De los comentarios de una compañera, sobre la que recaen la pesada carga de intentar cohesionar y racionalizar parte de la organización, carga, dicho sea de paso, que no debería soportar estoica y solitariamente, llego a deducir que ese aislacionismo no es algo excepcional, que también se detecta en otras unidades, aunque la interrelación con el resto de la organización sea mayor por obligación y una comunión en las competencias a ejercer.

El aislacionismo está íntimamente ligado a dos aspectos (seguro que hay más) que son una grave carga y un gran freno para la organización: la incomunicación y el desinterés.

La cuestión es dilucidar si son causa o consecuencia de este aislacionismo, quizás haya un poco de todo, o que no deja de ser un pez que se muerde la colar y en el que el desinterés y la incomunicación te llevan a aislarte del resto al no poder poner en relevancia tu opinión o valorizar el trabajo realizado. Este aislamiento puede provocar que ya no te interese comunicarte, ya que presupones que tu pensar es irrelevante, secundario y que estás para servir al resto, con lo que empieza a calar el desinterés por integrar la organización como un todo.

Lo que está claro es que, como buen reino de taifas, las unidades se creen imprescindibles sin tenen en cuenta que lo imprescindible es ofrecer un servicio público con el mejor nivel de calidad posible. Esto requiere valorizar el trabajo de todos, circunscribiéndolo en el lugar que ocupa y en lo necesario que es, aunque sea menos visible. Aquí podríamos vincular la cuestión con la información cautiva, que nos hace creer que es poseerla y no comunicarla nos hace imprescindible o poderosos. Pero es una cuestión a tratar en otro momento.

¿Soluciones? Hay quien las está buscando (y le va la salud, 😉), hay quien las intenta entender y hay quien las rechaza de plano. La actitud hacia las soluciones tiene que ver, en gran medida, con personalidades y egos, no es solo querer, es saber porqué no se quiere.

jueves, 1 de abril de 2021

¿Personalidad o personalismos?

Breve entrada sobre lo que llevo sufriendo en una mesa y como las personalidades o personalismos suponen una carga insoportable cuando se llevan a los extremos.

Estamos tramitando la contratación de un servicio. Mientras se han ido desarrollando los diferente trámites del procedimiento, han ido aflorando contradicciones y errores que han trufado el camino de pequeñas trampas.

La cuestión es que estas pequeñas trampas han alcanzado una dimensión que ha acabado explotando en las mesas que se han celebrado. Esa es la cuestión, el problema es otro.

El problema es la interpretación del redactado de según que partes de un pliego, que según cada parte, implica unas u otras decisiones que afectan al desarrollo final del procedimiento. Pero el problema se ha visto agravado cuando han entrado en juego las personalidades de las partes enfrentadas por sus interpretaciones opuestas. Se ha empezado a difuminar la barrera entre la argumentación y las simpatías personales. Y, junto a las argumentaciones respectivas, han empezado a enraizarse ciertas antipatías, fruto de posiciones monolíticas y poco dadas a la negociación y la cesión por ambas partes.

Y, por eso, se ha convertido un procedimiento administrativo en un enfrentamiento soterrado de personalismos, en el cual, ninguna parte parece dispuesta a ceder un ápice.

Partiendo de la base de unos errores iniciales, que han sido los desencadenantes de esta situación, las partes no han sabido o querido acercar posturas para poder agilizar el procedimiento y llegar a un final de una forma bastante ajustada a la norma, aunque sea cuestionable.

Cuando la personalidad degenera en el personalismo, las víctimas somos los demás. Convierten el diálogo en una enconada discusión en la cual no hay visos de salida.

Nota: lo que se quiere contratar es bastante superfluo, cosa que en ningún momento se ha puesto en cuestión, ya que podría haber otras formas de hacer lo mismo.

Moraleja: en qué se gaste el dinero, irrelevante; pero mi palabra es ley.

miércoles, 17 de febrero de 2021

Disfuncionalidad organizativa.

Sinceramente, yo no tengo ni idea de organizaciones, ni de como organizarlas. A lo sumo, lo que tengo son ojos y tiempo para observar cosas de como estamos en casa.

No hablo ya de la ausencia de flexibilidad de la organización para la redistribución del personal para asumir picos de actividad de las diferentes partes, sino de una organización disfuncional para dotar a ciertas ramas de suficiente ¿músculo? para que el responsable no se crea que no tiene la importancia que se autoasigna.

Como decía, en casa hay servicios que bajo un epíteto se diluyen sus funciones, creando a la vez unas rigidezas internas que se solidifican bajo el sacrosanto mantra del "eso no está en las funciones de mi puesto".

Prisioneros de la relación de puestos de trabajo y su legendario rigor mortis. Solo la voluntad y un ápice de solidaridad que aflora entre algunos compañeros, hace que se pueda atisbar una sombra de grieta en ese sagrado dogma.

Cierto es que esas rigideces se fortalecen con las relaciones interpersonales entre los miembros de los servicios o intraservicio directamente.

Volviendo, de divagar, a la disfuncionalidad, advertir que en el caso que vivo existen ciertos aspectos de alcance general que tendrían más sentido si se incluyesen dentro de un servicio que presta servicios a la totalidad de la organización. Claro, que eso supondria que un servicio de por sí reducido quedase complétamente jibarizado, reducido a una presencia simbólica.

Luego está el mezclar competencias poco o nada relacionadas, en un mismo servicio. El motivo, supongo que ha de ser el mismo que el expuesto anteriormente, que el servicio tenga músculo y presencialidad para no parecer ese hijo segundón de familia bien que tiene que acabar de cura (en el siglo XVIII y XIX) o de enchufado en una fundación ad hoc para que no tenga complejo de inferioridad.

Tema a parte sería la capacitación de los titulares para la gestión del grupo y dotarle a éste, dentro de una lógica, una flexibilidad que permitiese cubrir aquellos desajustes temporales causados por lógicas internas o externas del devenir diario.

¿El problema de fondo? Creo que es el de siempre, egos y envidias mal entendidas. A parte de incapacidades manifiestas derivadas del sistema de provisión de puestos de trabajo. Y el siempre presente inmovilismo, ya que el cambio supone un esfuerzo que cuesta asumir. El cambio es lo que tiene que hay que trabajar de otra manera y asumir el esfuerzo para realizarlo.

Y la desmotivación de quién quiere hacerlo y no le dejan, que tiene consecuencias nefastas para la organización. El que se quema, se va.

jueves, 17 de diciembre de 2020

El teletrabajo no es 24 por 7.

Relacionado con el anterior post, fruto del sufrimiento del teletrabajo en mis carnes, vamos a lo del dicho de "le das un dedo y se cogen el brazo".

Esto es en lo que creen algunos que es el teletrabajo o, por lo menos, lo que les permite el teletrabajo. Una disponibilidad absoluta de la plantilla durante las 24 horas del día y los siete días de la semana. Vacaciones incluídas.

Los cargos políticos han visto la panacea de incrementar la jornada laboral, estirándola como un chicle, pero con la ventaja de que no se rompe. La coyuntura económica favorece este abuso. ¿Adónde vas a ir si decides que estás harto de recibir correos, llamadas y mensajes en cualquier momento? 

El refugio y la seguridad económica del funcionario camino de convertirse en un yugo pesado.

La combinación de la epidemia y el teletrabajo ha llevado hasta límites insospechados el abuso sobre los horarios de las jornadas laborales y sobre los períodos de descanso, vacaciones incluidas.

La excusa de la urgencia y la disponibilidad de medios tecnológicos para trabajar desde casa ha convertido en un mal hábito, en el que caemos todos, ponerte en contacto con cualquiera, en cualquier momento y circunstancia.

Mi crítica no va por la falta de remuneración, que habrá para quien sea primordial, sino a la presión constante para que las cosas se hagan ya.

Ahora mismo, hay compañeros de vacaciones que están casi permanentemente conectados, o sea, sufriendo sus vacaciones.

Abandonados a merced de las olas del maremoto del COVID y el teletrabajo, no se han aprovechados los cuatro instantes de calma chicha para dedicarlos a una planifación y establecer un sistema de trabajo que combine lo presencial (lo que sea imprescindible para la organización) con lo telemático que asegure la contención de los movimientos de la epidemia.

Bueno, medio releído el texto, no sé si el título es muy acertado, pero se intuye parte del contenido, que el teletrabajo permite unas situaciones que, por responsabilidad de los mandos, deberían evitarse o, por lo menos, moderarse.

Mi pequeña rebelión es dejar el portátil en el trabajo si al día siguiente vuelvo a la oficina.


domingo, 19 de julio de 2020

La mentira del teletrabajo

Cuatro meses. Lo que iban a ser un par de semanas, se ha convertido en una travesía por el desierto que ya suma más de 16 semanas.
Es una travesía en el desierto por que te han soltado, con suerte, con un portátil en tu casa a trabajar como si estuvieses en la oficina, pero sin límite horario y creyendo que tenemos las mismas infraestructuras.

Sospechaba que no podría llegar a hacer el trabajo de oficina desde casa, que es lo que hago y no teletrabajo. Que mi pereza, me llevaría remolonear en la cama y no tener la capacidad y el sacrificio suficiente para poder llevar el trabajo con cierta normalidad. Pero ha pasado justo lo contrario, que se ha convertido en una condena.
Supongo que el motivo por el cuál estamos encerrados, fue determinante para que mi actitud fuera la contraria.

¿Por qué es una mentira el teletrabajo?

Entiendo que el teletrabajo debe ser resultado de un análisis de la situación global de la organización y determinar qué funciones son las que pueden ser objeto de teletrabajo y cuáles no.

Pues esto es lo primero que se ha cargado la coyuntura. No ha habido planificación. De formación, ya ni hablamos. Se supone que para trabajar hay que tener diversas herramientas y tener un conocimiento suficiente para no convertir el trabajo desde casa en un infierno. Pues no, arrojados a los leones en el circo y que cada cual se salve como pueda.

Para el caos que ha supuesto la situación y el desorden psicológico que acompaña a quien dirige mi organización, que más allá de mirar en conjunto la situación, está mirando como satisfacer su ego.

Yo más que como teletrabajo, lo definiría como los falsos autónomos de la administración pública: te damos un ordenador y búscate la vida. Pero eso sí, a parte de todas las novedades legislativas, más confusas que otra cosa, el nivel de trabajo va a ser el mismo o mayor, ya que hay que hacer como que se hace algo para luchar contra el virus. Aunque sea publicidad de que se está con el ciudadano. El gasto en publicidad, cuando el virus es noticia 24/7 en todos los medios de comunicación, es de lo más obsceno que se pueda recordar en la historia. Da para un par de libros.

Es otra mentira por que antes del teletrabajo, está el trabajar en red desde dentro de la misma administración. El uso de las herramientas de comunicación entre diferentes unidades y diferentes ubicaciones, ni se había fomentado, ni siquiera planteado. Espero que sea una de las cosas que se quede y permita una flexibilidad que la rigidez de lo presencial antes no permitía. Pero no estoy hablando de teletrabajo, es otra cosa, es otra cultura de trabajo.

Retomando el tema del "falso autónomo público". A tu cargo van el consumo eléctrico, las conexiones a internet y telefónica (fija o móvil), el mobiliario y seguro que me dejo algo. No lo digo por el monto económico en nuestras facturas, sino por tener sistemas que están preparados para otra cosa, que no tienes un despacho, por que es tu casa, no tu lugar de trabajo. Lo que no es de recibo es tener que trabajar en el comedor con una silla de comedor, por que no estás solo en casa.

Esta experiencia me ha convertido en enemigo acérrimo del teletrabajo. La esclavitud que supone, es algo que lo convierte en inhumano. La manera en que esta forma de trabajo devora el tiempo es perversa. La vida, eso que realmente importa, se escurre como el agua en las manos. Caen los días como si no hubiese nada más que hacer. Va minando tu ánimo poco a poco, cosa que se agudiza con la incertidumbre de la epidemia y su nefasta gestión y falta de previsión.

A pesar de todo lo explicado, en cierto modo soy afortunado. Por el motivo que fuere, mi móvil no lo tiene casi nadie en el trabajo, diría que nadie, y que debe estar en mi expediente de personal, pero ya. Con lo que llegado el viernes por la tarde (cuando trabajaba en la oficina, a las 15 horas empezaba la vida), no hay incordio posible, ni tampoco buenas noticias (sarcasmo), con lo que todo llega de golpe el lunes a primera hora. Por que trabajar el fin de semana, tampoco es teletrabajo. Es obsesión o paranoia.

Nos han obligado a un salto al vacío, cuando esto debería ser como las excursiones de los niños de preescolar, todos juntitos, guiados por una cuerda que evite desviaciones de la ruta que hay que seguir.

martes, 25 de junio de 2019

Bicefalia binaria.

El dos como base de las tecnologías de la informació y de la comunicación. El binomio 0 y 1 como base de toda la informática. Ese debe ser el origen disruptivo en el que se fundamenta nuestro sistema informáticao de tramitación electrónica de la contratación.
Ese gen binario se da bináriamente en lo que tocante a la gestión electrónica de la contratación electrónica a la que me enfrentro cada día. Es binario porque debemos trabajar con dos aplicacicones en paralelo que no están completamente integrada, dos que són estríctamentde de contratación pública, si nos extendemos a los dominios de lo económico, ya tenemos un triumvirato.
El gestor electrónico de contratos sigue a la caza del gestor del perfil del contratante, de la plataforma de servicios que nutre y da fe de los actos administrativos del procedimiento de contratación. Pero sigue lejos de atraparlo, con integraciones implementadas como los discretos remiendos que se ponen a una prenda para que siga siendo de utilidad sin revelar su ajetreado pasado.
¿Bicefalia? Si ya es binario, qué sentido tiene dicha palabra. Pues tiene un sentido cabal, ya que existe otro acto binario que socaba la coherencia y el sentido común de la contratación. La bicefalia se materializa en la existencia de dos números de expediente. ¿Dos? diréis asombrados. Pues sí, dos. El motivo de esta doble personalidad del expediente radica en la ausencia de integración de los dos anteriores aplicativos con el gestor económico-financiero que, en su inmensa sabiduría, otorga otro número de expediente, obviamente diferiendo del anterior, pero imprescindible para la facturación electrónica.
De dos en dos, se vive más sencillo y mejor.
Otra gota más que colma el vaso de la improvisación y la falta de recursos en el ya rebosante vaso de la contratación.

Ps.: Bueno, parece que en el 2020 daremos un paso hacia adelante y se acabó tanta dualidad. Al final, nos integran, como organización, dentro de un aplicativo que unifica todo lo anterior, lo complica, pero ya sabemos que solo hemos de utilizar una única plataforma. 
Hay que ser honesto y estar a la duras y a las maduras.

sábado, 6 de abril de 2019

Sorprendido.

Si esto, en lugar de ser un blog, fuese tuiter, esto sería un mini-hilo, vamos que son tres frases más de las que caben en un mensaje estandar de la red social de pajarito.

Esta semana hemos hecho la primera apertura de un procedimiento abierto simplificado desde la entrada en vigor de la obligatoriedad de la inscripción en los registros electrónicos de licitadores de las diferentes administraciones territoriales.

Como gestor, al ir conociendo los nombres de los licitadores, ninguno de los cuales conocía, me temía que esto tenía la pinta de tener que negociar en la Mesa la admisión de todas las ofertas, ya que intuía que ninguna de ellas estaría inscrita.

Pues para mi sorpresa, de los seis licitadores, cinco lo estaban. Lo cual me parece algo destacable en dos sentidos: uno, el interés de las empresas en estar registradas con todas las ventajas que supone tanto para licitador como para la administración; y, por otro lado, el trabajo de los funcionarios del registro, que parece que tramitan las altas con cierta celeridad.

Luego, en la Mesa hubo sus dimes y diretes respecto a ciertas circunstancias: la declaración responsable como acto de fe, pero algunos detalles del registro (DNI caducado) provocar casi una crisis y obligar a pedir subsanación. Siendo este un acto interno al que va asociada la apertura de la oferta de la documentación relativa a los criterios sometidos a juicio de valor, la inseguridad por parte de algún vocal sobre si abrir esta documentación o no, como si vulnerase algún derecho o por desconocimiento del funcionamiento de la herramienta digital.

Nota: es una bendición la tramitación electrónica de la presentación de ofertas y su apertura. Sin papeles. sin tener que hacer cola ante el registro y que se pase la hora (por el vicio de presentar a última hora) e instantáneo.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Jerarquía, burocracia y el papel.

Cuatro líneas para comentar como la jerarquía o la posición de poder de determinados órganos suponen un freno para la eficacia y la eficiencia en la contratación o en cualquier ámbito de la Administración.
Llevo, prácticamente, un año sin tener ni un expediente de contratación en papel. En mi mesa, que no es ejemplo de orden ni nada que se le acerque, no hay carpetas con expedientes del año en curso, todo está en carpetas en el servidor y en documentos electrónicos, que vamos introduciendo en en tramitador de expedientes electrónicos paulatinamente (siempre que la realidad de la contratación y la del tramitador coincidan).
Recientemente, hemos tenido cambio de personal dentro de la Intervención Delegada. El nuevo funcionario, con la aquiescencia de su superior, el interventor, ha decidido que no piensa mirarse nada que no venga en papel y firmado con puño y letra, ni siquiera enviándoselo por correo electrónico, sino que tiene que llegar vía valija, ya que no ocupamos el mismo edificio.
El nuevo funcionario podría, siempre que fuésemos diligentes por nuestra parte, consultar la documentación por el tramitador, pero amparándose en que el superior jerárquico de la Intervención no ha explicitado tal forma de proceder, se ha acogido a su "tiránica" potestad de exigir la documentación en formato de celulosa reciclada. 
Para más inri, en la última evolución de la aplicación económico-financiera, con la que se generan las reservas y los documentos de disposición de crédito, tales movimientos han quedado reducidos a meros apuntes contables que son validados mediante la citada aplicación.
La paradoja es total. El destino de los documentos en papel no es otro que la destructora, ya que carecen de valor legal, puesto que es el apunte contable el que lo tiene.
Problemas de burocracia tolerados por la jerarquía, que nos llevan al pasado, a alargar procedimientos y a la mixtura en los expedientes.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Los estándares abiertos.

Bueno, ya estamos naufragando en la nueva LCSP y, sobre todo, en toda su vertiente electrónica. 
Ante tamaño cambio legislativo, tanto a nivel de texto y aplicación de este, como de las nuevas formas de trabajar, determinadas por la contratación electrónica, la praxis está resultando bastante complicada y los miedos venideros no hacen más que acrecentarse.
Concretando, estos miedos, de momento, se materializan a la hora de la recepción de las oferta por vía telemática y su necesaria y obligatoria presentación por esos canales y con la preceptiva firma digital o certificado digital.
Y es aquí donde comienzan los problemas y la realidad patea el culo de la ley, sobre todo, en el aspecto de los estándares abiertos y la compatibilidad de las aplicaciones.
Desde la entrada en vigor de la ley, hemos decidido que todas, absolutamente todas las ofertas, incluidas las relativas a contratos menores se hagan por vía telemática. Para ello, en pos de la simplificación tenemos dos herramientas: una para los menores (vía telemática, subiendo un único archivo, independientemente del formato) y otra para el resto, que permite la configuración de los sobres y su cantidad según el procedimiento.
Pues, desde entonces, cada vez que tenemos una licitación de un menor o la invitación a una serie de empresas, nos llegan correos y llamadas diciendo que no pueden firmar, que han enviado la oferta y que confirmemos su llegada, lo cuál no sucede a menudo. Desconocemos si la no llegada a la aplicación es culpa nuestra o del licitador.
Vamos a la cuestión. Se supone que las aplicaciones están diseñadas para que desde cualquier equipo y con cualquier navegador y las aplicaciones a éste integradas o ligadas, se pueda enviar una oferta. Pues no. Desde el servicio de atención al usuario de las aplicaciones, nos recomiendan que los envíos se hagan desde determinado sistema operativo y con determinados navegadores. La razón, el uso de JAVA en la aplicación de firma electrónica.
No podemos estar dependiendo de determinadas configuraciones, aplicaciones y navegadores. No podemos estar sin la información pertinente para poder guiar al licitador que se encuentra con un problema. Se han diseñado herramientas que se han probado en entornos estériles, los de preproducción, que no tienen nada que ver con los de los licitadores.
Nos han tirado a la arena contra los leones de la ignorancia están al acecho y sin más armas que tus propios conocimientos, si los tienes, y la paciencia de poder contactar con el SAU y que éste te pueda dar una solución.
No es más que un lamento, pero el problema es que es una gota en el mar de los lamentos que nos fruto del desamparo de aquellos que tendrían que haber puestos los medios para un cambio de esta magnitud.
Intentaremos sobrevivir en este naufragio total.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Dos para uno.

El título no es ningún error, no es la famosa promoción comercial de cualquier establecimiento, sobre todo en periodo de rebajas, de 2x1. La preposición es "para" por el hecho que para realizar un único trabajo, el expediente de contratación, tienes que utilizar dos herramientas digitales para hacer un único trabajo, lo que vulgarmente se conoce como hacer el trabajo por duplicado.
La desacertada planificación, desde mi modesto punto de vista, del desarrollo de las herramientas para la tramitación electrónica de la administración en la que trabajo ha llevado a este absurdo.
La cuestión es que, teniendo una potente herramienta inicial para la gestión del perfil del contratante (plataforma de servicios de contratación pública PSCP), no se haya aprovechado para ir agregándole módulos, que podrían activarse según la necesidad del poder contratante según su tamaño, y se haya optado por crear una nueva herramienta, bueno dos (según sea el volumen de contratación, se tiene una u otra), para la gestión electrónica del expediente de contratación.
El absurdo se materializa cuando la evolución y la adición de nuevas funcionalidades a la PSCP no son más que una réplica de lo que se ha implementado en el gestor de expedientes electrónico, al cual, en este momento, la integración no se ha implementado.
Las últimas novedades en la PSCP han sido la publicación en diarios oficiales y el sobre digital. Toda esta información ha de ser introducida por duplicado, tanto en los formularios como en el repositorio documental. 
No sé si los que gestionan todas estas herramientas se han dado cuenta, supongo que sí, si lo he hecho yo, un modesto trabajador dentro del marasmo de los empleados púbicos de contratación, ellos lo habrán detectado.
¿Cuál es el impedimento para poder unificarlo todo? No lo sé, pero intuyo que hay implicados diferentes adjudicatarios para las diferentes herramientas. Sobre todo cuando una es un desarrollo de una herramienta existente en el mercado y la otra es fruto de un desarrollo propio, a través del adjudicatario de un contrato de servicios.
Este es otro de los motivos por los que me cuesta entender tanta externalización en los servicios informáticos. Puedo entender que para el desarrollo contrates a "mano de obra especializada" mediante empresas, pero la Administración debería tener personal propio capaz de implementar desarrollos y adaptaciones de las herramientas, una vez hecha la obra principal.